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Negocios
La
Costa de las Inversiones
Más de mil millones de reales fueron inyectados en el área de turismo de
lujo en el Litoral Sur de Bahia y hacen de la región el nuevo polo
inmobiliario del País.
Por Tatiana Vaz, de Trancoso e Marcos Corazza (fotos)
Una cena realizada en el
restaurante Brasil A Gosto, en São Paulo, reunió recientemente personas
tan dispares como el publicitario Nizan Guanaes, el jugador de fútbol
Ronaldo Fenómeno, la empresaria Lucília Diniz y el presidente de Nestlé
en Brasil, Ivan Zurita.
En común, los
presentes tenían un mismo deseo: construir un inmueble de sueños en el
Litoral Sur de Bahia, famoso por sus playas desiertas, bosques de
cocoteros interminables y sol todo el año. La noche fue cerrada con una
celebración.
Once personas
presentes en el evento - inclusive los cuatro citados anteriormente -
aceptaron desembolsar 3,7 millones de reales para comprar, en sociedad,
un lote en un futuro condominio de lujo que será construido en la playa
de Itapororoca. En la mesa del restaurante, fue decidido que el grupo
repartiría los costos de construcción y mantenimiento de las lujosas
áreas comunes recreativas.
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Campo de
golf
Carlos Régis Bittencourt invirtió con
su socio
50 millones de reales
en el TerraVista, que posee uno de los
mejores campos de golf del País.
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Inversiones como
ésta, están transformando el Litoral Sur de Bahia en uno de los mayores
polos de negocios turísticos en Brasil.
La región, conocida
como Costa del Descubrimiento, viene atrayendo un número cada vez mayor
de personas con elevado poder adquisitivo.
"El lugar recibió mil
millones de reales de inversiones inmobiliarias en los últimos cinco
años, en resorts, casas de vacaciones y hoteles de lujo", afirma
Loredano Júnior, abogado de la mayoría de los inversores de la región.
La extensión de los
32 kilómetros de playas que forman la Costa del Descubrimiento comienza
en Porto Seguro, pasa por Arraial d'Ajuda y serpentea por Trancoso,
Jacumã y Praia dos Espelhos antes de terminar en Caraíva. Con la
excepción de Porto Seguro, dominada por el turismo popular y con un
número excesivo de hoteles de todas las clases, las otras localidades
reciben pocos visitantes.
Por eso el paisaje
resiste prácticamente intacto. Un sobrevuelo de helicóptero revela el
índice de preservación. De lo alto es posible observar el mar de agua
transparente, acantilados y bosques verdes. Y claro, mansiones
cinematográficas, algunas erguidas con costos de más de 6 millones de
reales.
Pocos lugares de
Brasil pasaron por una valorización inmobiliaria tan vertiginosa. Hace
una década, cuando los ricos no habían descubierto la región, los
terrenos eran vendidos por valores irrisorios. De acuerdo con el último
levantamiento, hoy el metro cuadrado en un área cercana al mar cuesta
600 reales.
Es el mismo precio
cobrado por el metro cuadrado comercial en el Shopping Iguatemi en São
Paulo, el más caro de América Latina. Si usted quiere invertir, es mejor
darse prisa: el precio viene duplicándose cada año. Los valores suben
con una velocidad tan grande que llevó a los propietarios a una
situación curiosa. Quien vende un inmueble sabe que está perdiendo
dinero. A fin de cuentas, ese inmueble tiende a valorizarse mucho en
poco tiempo.
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Campo para polo
Michele D'Ippolito, uno de los socios del
Outeiro das Brisas, invierte
7 millones de reales
por año en su condominio, que ya
cuenta con campo de polo y aeropuerto.
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En una región con
precios en esos niveles, no se ven en la playa bares o quioscos, jóvenes
jugando al fútbol o nubes de quitasoles en la arena. En cambio, lo que
se observa es la práctica de deportes de elite como el golf. Uno de los
mayores campos de Brasil queda en el condominio Terravista, en Trancoso.
"Nuestros mejores
terrenos están dentro del área de golf", afirma Carlos Eduardo Régis
Bittencourt, Calé, uno de los socios del emprendimiento. Calé llegó a
Trancoso a los 20 anos. Había largado la facultad y la agitada vida en
São Paulo para aislarse en Trancoso, que en esa época tenía 400
habitantes. Hoy, a los 55 años, Calé es uno de los mayores inversores
inmobiliarios de la costa.
"Defiendo el turismo
volcado hacia pocos y buenos huéspedes, porque es una manera de
garantizar el desarrollo local y la preservación de las playas", dice.
En 2000, él y su socio, Michael Rumpf-Gail, invirtieron más de 50
millones de reales en la construcción del Terravista, primer gran
emprendimiento de la región.
Tres años después,
fue erguido dentro del propio Terravista el Club Med, cadena francesa de
hoteles. La demanda estimuló Calé a invertir en la construcción de un
hotel con 40 suites de 90 metros cuadrados y servicios de lujo como spa
y restaurantes de alta gastronomía.
Todavía sin formar
parte de ninguna cadena, el hotel recibirá inversiones de 20 millones de
reales, con fecha de inauguración para inicios de 2010. Para la mayoría
de los empresarios que actúan en la región, la crisis reciente no
provocó ningún efecto en sus negocios. El crecimiento de las inversiones
es visible en toda la Costa Sur.
Uno de los más
abultados se da en el condominio hotelero en la playa de Itapororoca,
una sociedad entre la brasilera Itacaré Capital y la Bahia Beat, grupo
de inversores suecos. Más de 100 millones de reales serán invertidos en
el emprendimiento que abrigará casas de veraneo de lujo y será
encabezado por la red hotelera del Grupo Fazzano.
Muchos extranjeros
inyectan fortunas en la región. En la playa de Taipe será construido por
el grupo español Single Home un condominio de casas de lujo. Apenas la
compra del terreno del inmueble consumió 40 millones de reales.
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Lucros en Trancoso
Franco (de negro) abrió una filial de
su restaurante portugués en Bahia. El negocio crece
15% al año.
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La playa de Trancoso
es el destino preferido de los empresarios que invierten en el Litoral
Sur Bahiano. Allí se localizan los restaurantes más encantadores, las
“pousadas” de arquitectura osada e de servicio exclusivo. El principal
símbolo de la villa se ubica en lo alto de un acantilado de tierra. Es
la Plaza São João, más conocida como “Quadrado” (en realidad un
rectángulo).
Allí no circulan
carros y las casitas coloridas disputan la atención de los turistas con
la venta de objetos de decoración y ropas de importantes marcas. Es en
este codiciado espacio que el italiano Wilbert Das, director creativo de
la italiana Diesel, una de las marcas de jeans más lujosas del mundo,
abrió o Uxua Casa Hotel, un hotel de nueve casas, de 90 a 240 metros
cuadrados, todas con suites, cocina y sala de estar.
La construcción y la
decoración del local, de estilo rústico-chic, priorizan materiales
nativos. El tejado es realizado en fibras naturales trenzadas y las
duchas son de tronco de eucalipto. El área común cuenta con una piscina
de cuarzo verde y bancos de madeira.
Con estos atractivos,
los huéspedes no se enfadan por pagar R $ 1,3 mil por una casa de lujo
en alta temporada. El emprendimiento es un éxito. Dos meses después de
la inauguración, todos los paquetes para fin de año estaban vendidos.
¿El
precio? La casa de estándar más elevado, para hasta seis personas,
cuesta 73 mil reales para un periodo de diez días.
"Aquí las personas
buscan esencialmente lujo", afirma André Georges Lattari, gerente
general del Uxua. Un poco más moderado, pero todavía con precios
accesibles apenas para los ricos, la posada Jacaré, de Fernando
Droghetti, cobra 15 mil reales los paquetes de fin de año para parejas.
El empresario vendió
su renombrada tienda de decoración en la capital paulista, la Jacaré do
Brasil, para invertir 500 mil reales en su hotel de Trancoso.
También basada en el
concepto casa-hotel, la posada tiene piscina con fondo infinito y
bungaló para masajes. "Nadie aquí puede reclamar, pues cualquier
negocio, siempre que sea lujoso, suele tener éxito", afirma el portugués
Nuno Fernando Franco, dueño del restaurante internacional El Gordo,
abierto en 2001.
Franco tiene otras
tres casa en Lisboa, su tierra natal, y decidió abrir una filial
brasilera después de pasar unas vacaciones en la región - como él,
centenas, tal vez miles de europeos hagan esto en el Nordeste Brasilero.
Lo curioso es que la
sofisticación de los inmuebles y el servicio no fue acompañada por el
desarrollo de la infraestructura local. Todas las playas de la costa, a
partir de Trancoso, se conectan por caminos de tierra llenos de pozos.
Para muchos de los
inversores de la región, estos caminos ayudan a dar encanto al Sur de
Bahia y contribuyen a su preservación. Una de las maneras más comunes de
trasladarse es por vía aérea. Hay dos pistas de aterrizaje para aviones
particulares, una dentro del condominio Terra Vista, en Trancoso, y otra
en el Outeiro das Brisas, en la playa de Outeiros.
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Lujo para pocos
André Lattari (encima) del Uxua Hotel, y
Fernando Droghetti (a la izq.) de la Jacaré Casas, están
con las reservas de paquetes de fin de año completas. En
el Uxua, la estadía de diez días cuesta
73 mil reales.
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Otra opción también
es el aeropuerto internacional de Porto Seguro, que facilita el acceso
de todos los brasileños que llegan desde las grandes capitales.
"Es común, en los
feriados, que a los paulistanos les lleve menos tiempo por avión hasta
aquí que por carro a Maresias, en el litoral norte de São Paulo", dice
Michele Roberto D'Ippolito, hijo de uno de los primeros inversores de la
región.
El empresario es
socio del Outeiro das Brisas, uno de los condominios más tradicionales
del Sur Bahiano, localizado en la playa de Outeiros. Allí, los huéspedes
pueden escoger entre alojarse en uno de los 25 bungalós frente al mar o
construir una casa de hasta mil metros cuadrados como segundo hogar.
El precio de los
inmuebles llega a 5 millones de reales. "Cada año, diez nuevas
residencias son construidas aquí", afirma D'Ippolito. Inaugurado a
inicios de la década de los 90, el condominio ofrece innúmeras
comodidades a los huéspedes, entre ellas un campo de polo a caballo. En
breve, el área recreativa contará con un campo de golf de nueve hoyos.
"Todos los anos, invertimos 7 millones de reales en ampliaciones", dice
el empresario.
La nueva tendencia de
la región es la inversión conjunta de familiares o amigos. Ejemplo de
eso es el Jacumã Ocean Resort, que pertenece a seis empresarios
brasileros.
Entre ellos,
Berardino Fanganillo, dueño de la GP Segurança Patrimonial, y Marcelo
Mattoso de Almeida, socio de la empresa inmobiliaria The First Class
Group. Sólo en infraestructura, los socios ya invirtieron 7 millones de
reales. Cada uno de ellos tiene un número de lotes y los gastos son
compartidos.
Los costos de
mantenimiento y el pago de los 50 funcionarios de la hacienda cuestan
mensualmente 120 mil reales. Ser parte de este club privado, solamente
es posible con la aprobación de todos los otros socios. Todo un lujo.
¿Dónde
están los extranjeros?
¿Trancoso,
en el litoral sur de Bahia, o Bora-Bora, en la Polinesia Francesa? Para
la suiza Débora Senn Mohanathas, 29 años, y su marido indiano, Mani
Mohanathas, 31, la respuesta es fácil: Trancoso, sin dudas.
Los dos son
ejecutivos del banco UBS en Suiza y eligieron pasar sus días de recién
casados en Brasil no sólo porque aquí encontraron precios menores, sino
principalmente porque las playas nordestinas son más bonitas. "Nos
pareció que este lugar sería realmente inolvidable", afirma Débora.
Según ella, el Nordeste Brasilero será siempre recordado.
Uno de los grandes
desafíos del turismo en el País es traer más visitantes como esta
pareja. No es una tarea fácil. A pes
ar de la costa con 8 mil kilómetros
y más de dos mil playas, de la Floresta Amazónica y del Pantanal, el
Brasil es un desastre en la capacidad de atraer visitantes extranjeros.
En 2008, 5 millones
de turistas del exterior desembarcaron en Brasil, el mismo número
que en 2007. En Francia, el país que recibe mayor flujo de
extranjeros, el total de turistas de otras naciones alcanzó la marca
record de 81,9 millones de personas en 2008. Brasil hace un pobre
papel inclusive comparado con la gélida Ucrania (con 23 millones de
extranjeros) que tiene entre sus atracciones la usina nuclear de
Chernóbil.
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